La chica que nunca dice adiós
La vida es un despótico desbarajuste. Tan solo llamarte origina sentimientos de calma y pequeñas treguas de espera a una nueva batalla.
Más de mil noches con tu apacible voz como único amparo, como único resguardo, como única luz a la que poder seguir; jamás serás consciente de lo que tus palabras pueden hacer por alguien como yo.
Despedidas con sabor a fresa. A pesar de los nonainos.




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