sábado, agosto 13, 2005

2 días

Desearía saber lo que piensas cuando la tempestad cosecha batallas en las densas fronteras de tus lágrimas. Desearía conocer los recuerdos que te asolan en esas noches herméticas y descoloridas. Desearía saber si mi anhelante sombra te susurra en las horas tristes de la huraña rutina. Desearía que cuando sientas que la senda es demasiado espinosa, cuando creas que no tienes fuerzas para seguir adelante, cuando te sientas asediada y perdida, no receles ni temas, porque la desolación, aunque te parezca perpetua, nunca lo es.
Se, que en ocasiones, la gente que te rodea te proporcionará un insondable vacío, pero todos precisamos de ese vacío para seguir viviendo, sin el resto de las personas alrededor nuestra no seríamos nada.
Jamás te entregues a la fácil victoria del desencanto, resiste, la vida estará llena de decrepitudes y decadencias, pero lucha por lo que quieres, por tus sueños, por alcanzar el anhelado y verdadero amor, por vivir. Vive. Déjame atrás. A mí y a todos. Y vive.
Jamás dejes que se te oscurezcan los ojos por nada, no tengas miedo al fracaso de horizontes desconocidos, no desesperes cuando no se cumplan tus sueños hilvanados, cuando el desgarramiento te deje sin palabras, cuando en un baile de máscaras escuches falsos murmullos. No importa si la suerte se pone de espaldas a ti. Procura que no te descentre la maraña de callejuelas de la fervorosa armonía del sentimiento del desaparecer, del desvanecerse. No te preocupes cuando la esperanza sea un insólito lugar de tortura, cuando concluyan los retratos de amores profundos, cuando los espantos de la existencia desfiguren las paredes a base de pinceladas de la temible e inoportuna influencia de la muerte. No dejes que ello condense tu atmósfera y llene tu vida de gemidores fantasmas que te acaricien el oído mientras percibes sus suspiros con insoportable miedo. Nada de eso debe ser superior a tus ganas de vivir y de ser feliz. Cualquier error tiene remedio, cualquier decepción es superable, cualquier desilusión es dominable; deberás aprender que el no querer acrecentarse de los fracasos no es ninguna opción. Comprende que deberás mirar el universo del color que a ti te de la gana. Que la vida no te imponga las reglas. No intentes arreglar el juguete ajeno si realmente no puedes.
Sonríe en los peores momentos de abatimiento. Y ama tu propio espejo, porque tal vez sea la base de la felicidad. Aprende a ser feliz con las pequeñas cosas de la vida. Y ten en cuenta mis escritos, aquellos que tanto decías que te ayudaban. Quizá no sepa hacer otra cosa excepto escribir, y ni siquiera eso hago bien, pero ojalá te ayuden a no hundirte cuando los males hagan acopio de una prolongación invariable.
Y, por favor, recuerda siempre esa frase que, sigo sin saber quién la escribió, pero te repetí tantísimas veces cuando los nubarrones poblaban tu melancólico cielo: “Sonreír cuando el corazón llora, es de héroes”.
Al fin y al cabo, nunca llueve eternamente.

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