domingo, agosto 14, 2005

1 día

Vagando por los vértices de reflejos estelares, conseguí encaramarme a lo más alto del mundo. Desde allí deseaba desertar la inevitable miseria de despertar cada día. En ese momento, cuando la vida no me aportada nada, lanzaste tu anzuelo y llenaste mi cúpula de tus sentidos sueños e ilusiones. Las conversaciones que nos inspiró Audrey Hepburn. Las palabras surgiendo maquinalmente de nuestros labios hasta las tantas de la madrugada. La magia. El deseo. Postergar juntos las penas. Las tardes de lluvia. Los tapices que nos separaron del mundo. La pasión cambiando de traje. La dirección en la que se empezaba a mover todo. Las motivaciones para seguir paso a paso. El abandono de los disfraces. Las gotitas de lágrimas resecando nuestras caras. Despojarle al tiempo su lienzo de melancolía. El viento infiltrando sueños. Natalie Wood y el poema de Wordsworth. Las emociones enloqueciéndonos sin súbita piedad. La sangre, que de nuevo empezaba a recorrer nuestras venas. Los escritos. El camino de baldosas amarillas. Barbara “Sándwich”. Lo poco que duró todo. Los entusiasmos diseñados. Subir las escaleras que conducían hacia la decepción. El tedio más absoluto.
Quizá las palabras de intercesión aún no llegan a destiempo. Quizá podría hacer algo para cambiarlo todo. Quizá podría volver a retumbar las horas sumidas en el más incondicional silencio. Quizá mi deseo y mi esperanza de volver a tenerte son mayores que la propia realidad y quizá va siendo hora de tirar al fuego todos los quizás.
No puedo saberme derrotado. No puedo llegar hasta el reloj si las luces están apagadas. Una aureola indomable permanece aún en el ambiente. La gente me cuenta sus historias. Y todo me recuerda a ti. Cada noche está desprovista de estrellas. Ya no existen. Los caprichos del destino han hecho quedarme atrapado en un laberinto que es mayor a medida que intento vivir, a medida que intento olvidarte. Discurren los días, pasan las horas, el tiempo encorva sus brazos, y tus restos se traducen en letras y en versos escritos con lágrimas en los ojos. A lo lejos, el humo de la existencia va abriéndose paso. Se desnudan las contemplaciones derrochadas. Se marchitan las flores que aún quedan de aquel mes de noviembre. Pero nunca mueren los deseos de volver a verte.
Las estaciones, agonizantes, gimen al cielo, el banal destino triste que despertó en ti el perverso puñal. Suenan las trompetas en los solemnes amaneceres de los aires brillantes de los ojos que jamás volveré a ver. Tus pupilas violentas se alejaron de mí. Tus sonrisas son ahora dañinos velos antaños. La visión desenfocada del itinerario marcado de antemano. Tus labios con la risa entrecortada y nerviosa, mientras tus manos dejaban caer la vela de los sentimientos al suelo. Por el momento, corro el telón de tu recuerdo. Pero me es imposible empañar las memorias creadas. Me atraviesa la cruel agonía de las imágenes teñidas. Mañana despertarás entre felicitaciones y regalos, pero nada sabrás de mí. Sólo aquí podré regalarte algo. Pero nada sabré de ti.

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