El día (después)
Lo que ayer tendría que haber sido un bonito y último regalo de cumpleaños, el cual la propia cumpleañera no iba a leer nunca, se acabó convirtiendo en un día repleto de múltiples acontecimientos informáticos.
Me desperté tarde, muy tarde. Me duché. Comí. Vi un poco la tele. Encendí el ordenador y ahí empezaron las desventuras. Me sorprendió (pero no demasiado) que todo fuera tan lento, tan ralentizado, pero al menos las aplicaciones funcionaban, hasta que al ordenador le dio por apagarse solo. En ese momento fue cuando empezó el auténtico cachondeo. Lo encendía. Se apagaba. Lo volvía a encender. Se volvía a apagar. Hasta que después de varias fracasadas intentonas, conseguí (más bien la casualidad consiguió) que la bellaca y latosa computadora permaneciera encendida, pero eso sí, no me dejaba hacer absolutamente nada. No tenía ningún privilegio como administrador, ni ningún dominio sobre nada. Total: tuve que formatear. Sí, muerto el perro se acabó la rabia.
Para ello, convoqué en mi casa a toda una piara de amigos con (no) mucha más idea que yo en el amplio mundo de la informática. Sí sí, mucho hablar, pero a la hora de hacer, me lo dejaban todo a mí. Mucha teoría y poca práctica. Así que entre conversaciones de “eso ha sido un troyano de nosequé”, “no formatees de esa forma”, “éntrate en la bios y cambia nosecual configuración”, “pero qué haces borra primero la partición que si esto que si lo otro”, decidí empezar las obras. Tuvimos mil y un problemas y nos llevó toda la tarde volver a tener el ordenador listo para que vuelva a ser pasto de virus.
Obviamente muchos de los programas y archivos que tenía grabados o guardados se esfumaron; también toda la música.. y muchas de las cosas que tenía escritas. En fin, una lástima, oye. Me produjo cierta furia perder algunas cosas que sinceramente me importaban bastante. También se borró lo que le había escrito a la chica del cumpleaños y que tenía pensado poner aquí. Tal vez el propio destino me esté señalando una y otra vez con cosas como esta que pase página de una maldita vez. Tal vez sea mejor así. Sea como fuere, como regalo permanecerán los escritos de los días previos, aunque falte el día principal. Pese a que no lo fuera a leer nunca, que es mi único consuelo. Por ello, igual le tengo que dar hasta las gracias al ordenador o al virus o al spy o a lo que halla provocado todo esto, por tenerme entretenido un día que se presumía iba a ser triste y melancólico y que iba a estar lleno de lágrimas y de recuerdos.
En fin, nada más. Creo que de sobra ya había dejado constancia de mi regalo sentimetaloide, pedante y cursi. Solamente desearle felicidades (atrasadas) a la traicionera doncella que desató la borrasca en mi mundo y que espero y deseo que disfrute sus 22 añazos todo lo que pueda y que por supuesto, a pesar de los pesares, sea siempre muy feliz. Me resultará duro abandonar mi sitio junto a su lumbre, pero así habrá de ser, tendré que aprender a dejar atrás muchas cosas, la vida se me puso cuesta arriba hace unos años y me da que va a permanecer así durante bastante tiempo.
Dicho esto, me tomo unas mini-vacaciones, que sin duda me las merezco. Y falta que me hacen, oigan.




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